viernes, 17 de mayo de 2013

12 hombres sin piedad

Ficha técnica

Título original: 12 angry men
Director: Sidney Lumet
Año: 1957               
Nacionalidad: USA
Producción: Metro Goldwin Mayer
Duración: 95’
Guión: Reginald Rose (Teatro: Reginald Rose)
Fotografía: Boris Kaufman
Música: Kenyon Hopkins
                       
Ficha artística

Rudy Bond (Juez)
John Savoca (Acusado)
Billy Nelson (Alguacil)
Martin Balsam (Jurado nº1)
John Fiedler (Jurado nº2)
Lee J. Cobb (Jurado nº3)
E.G. Marshall (Jurado nº4)
Jack Klugman (Jurado nº5)
Edward Binns (Jurado nº6)
Jack Warden (Jurado nº7)
Henry Fonda (Jurado nº8)
Joseph Sweene (Jurado nº9)
Ed Begley (Jurado nº10)
George Voskovec (Jurado nº11)
Robert Webber (Jurado nº12)

Premios

Oscar Mejor Director, Oscar Mejor Película, Oscar Mejor Guión Adaptado.

Una duda razonable”.

Tal vez podríamos resumir toda la película con esta frase.

La película comienza cuando el Juez da por terminada la sesión e invita al jurado a retirarse a deliberar el veredicto.

Pero antes de que éste abandone la sala, les advertirá que sólo habrá sentencia cuando los doce miembros del jurado puedan arrojar un fallo unánime sea para dictar la culpabilidad, sea para dictar la inocencia del juzgado.

Y también recordará a los miembros del jurado que en caso de ser considerado culpable, el reo no tendrá otro fin que la silla eléctrica.

12 hombres sin piedad - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Justicia - Cine en blanco y negro
12 hombres sin piedad - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Justicia - Cine en blanco y negro

Se juzga a un muchacho de dieciocho años, (la mayoría de edad está estipulada en los veintiún años en la mayoría de los estados miembros de los Estados Unidos), que presuntamente ha asesinado a su padre tras una discusión en su casa.

Podríamos decir que éste es el primer ingrediente de esta magistral obra de arte, un muchacho que se enfrenta a la silla eléctrica por asesinato.

12 hombres sin piedad - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Justicia - Cine en blanco y negro
12 hombres sin piedad - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Justicia - Cine en blanco y negro

Y esta es la idea común de todos los miembros del jurado cuando se sientan a deliberar. Y de pronto surge la primera “duda razonable”, el ¿y si nos estuviéramos equivocado?

Ante esta pregunta se abrirá un debate en torno a los abismos morales que justifican la capacidad de doce personas anónimas para juzgar sobre la vida o la muerte de una tercera persona.

Pero habrá más ingredientes que aderezarán adecuadamente la obra, la trama girará en torno a dos testigos presenciales, un anciano que escucha la discusión y declara ante el juez que vio al muchacho salir corriendo después de desplomarse el padre apuñalado y la declaración de una señora que jurará haber visto toda la escena a través de la ventana.

Todo invita a pensar que la resolución se decantará de un lado sin ni siquiera necesidad de debate, pero habrá tal debate. Y éste será precisamente el mayor logro de la película, pues se desarrollará íntegramente dentro de la sala en la que está aislado el jurado, de la prensa, del abogado, del fiscal, testigos y demás personas implicadas en el juicio.

12 hombres sin piedad - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Justicia - Cine en blanco y negro
12 hombres sin piedad - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Justicia - Cine en blanco y negro

Si a la tensión, que irá “in crescendo” según pasen los minutos, le sumamos la extraordinaria maestría del director ambientando la obra en una sala (también) aislada, sin aire acondicionado, sin ventilador, en pleno verano y a las puertas de una gran tormenta, veremos en la película cómo la tensión se irá multiplicando minuto a minuto mientras los diferentes personajes debaten en el que probablemente sea el mejor guión de retórica que se haya llevado al cine.

Una retórica que sacará lo mejor y lo peor de cada persona, de las agresivas por fuera y por dentro, sacando a relucir los aspectos más oscuros de la especie humana, prejuicios y pensamientos preconcebidos con el objeto de juzgar al todo por los actos de unos pocos.

12 hombres sin piedad - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Justicia - Cine en blanco y negro
12 hombres sin piedad - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Justicia - Cine en blanco y negro

Mención aparte merece Henry Fonda enfrentándose al jurado y comiéndose la cámara de principio a fin.

Veremos a doce personas, cada una representará un tipo de personalidad: el introvertido, el extrovertido, el irresponsable, el prudente, el educado y el grosero. Doce personas que tienen la vida o la muerte de un muchacho en sus manos.

Obra maestra donde las haya.

jueves, 16 de mayo de 2013

The Warriors - Los amos de la noche

Ficha técnica

Título original: The Warriors
Director: Walter Hill
Año: 1979
Nacionalidad: USA
Producción: Frank Marshall, Lawrence Gordon, Joel Silver
Productora: Paramount Pictures
Duración: 92’
Guión: Walter Hill, David Shaber
Fotografía: Andrew Lazslo
Música: Barry DeVorzon
Montaje: Freman A. Davies, David Holden, Susan E Morse, Villy Weber
Vestuario: Bobbie Mannix, Mary Ellen Winston
 
Ficha artística

James Remar (Ajax)
Dorsey Wright (Cleon)
David Harris (Cochise)
Tom McKitterick (Cowboy)
Thomas G Waites (Fox)
Marcelino Sánchez (Rembrandt)
Brian Tyler (Snow)
Michael Beck (Swan)
Terry Michos (Vermin)
Deborah Van Valkenburgh (Mercy)
David Patrick Kelly (Luther)
Edward Sewer (Masai)
Roger Hill (Cyrus)
Lynne Thigpen (DJ)

Las calles de Nueva York entierran el hacha de guerra durante unas horas cuando Cyrus, el líder de los Riffs, la banda más poderosa, convoca en asamblea a todas las bandas de la ciudad para proponerles un plan descabellado: unir a todos los pandilleros para doblegar a las fuerzas del orden público y someter a la ciudad.

A la asamblea acudirán nueve miembros de cada banda, incluso aquellas que no han destacado nunca. Son pocas las que quedan fuera de la convocatoria, (por minúsculas o irrelevantes).
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia

Los Warriors acudirán a la cita, una banda modesta de las afueras de la City, de Coney Island. Cleon es su líder, y Swan el jefe de guerra.

Buena parte de la película se desarrolla en el Metro de NY, andenes, escaleras, intercambiadores, túneles, aseos y vagones. Esto sucede porque excluyendo unos pocos minutos (la asamblea, la playa y algunos trayectos ente estaciones) veremos un viaje de ida y vuelta de los Warriors, de Coney Island al Bronx y vuelta precipitada hasta su territorio.

Precipitada porque la asamblea no terminará como tenían previsto, pues mediada la misma morirá asesinado Cyrus, de un disparo a quemarropa. En medio del caos (miles de pandilleros corriendo sin rumbo amén de la policía que aparece para disolver la reunión y llevarse por delante a tantos pandilleros como pueda).

El asesino es Luther, el líder de The Rogues, quien aprovecha el acercamiento de Cleon para señalarle con el dedo y denunciarle como asesino, y esto le cuesta la vida a mano de los Riffs.

A partir de aquí no solo habrá una desbandada general, sino que unos minutos después de disolverse la reunión, los Riffs darán la orden de busca y captura, vivos o muertos, de todos los Warriors.


The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia

Existe la figura de un DJ, o locutor, (en este caso locutora) que sirve para vincular una escena con la siguiente. Emite canciones por una frecuencia pirata y tras el asesinato de Cyrus mantiene informadas a todas las bandas del itinerario de los Warriors. No puedo evitar recordar Wolfman Jack de American Graffiti.

Nuestros protagonistas deberán deshacer todo el camino para volver a su territorio, pero esto implicará que tienen que atravesar la ciudad entera y sortear cuantos peligros encuentren en su camino: atravesar, territorio tras territorio, todas las zonas enemigas en que se parcela la ciudad.
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia

Termina la tregua entre bandas y sesenta mil pandilleros buscarán a los nueve muchachos con Swan al frente (jefe de guerra) para mantenerse unidos. No faltará el enfrentamiento interno de Ajax para hacerse con el liderato de la banda ni el canto de sirenas (en forma de Lizzies, una pandilla de chicas).

A pesar de intentar mantenerse unidos, se irán separando para volverse a encontrar (algunas veces) y no perder la protección que a priori ofrece el número.
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia

 Una cosa ha de quedar clara: ningún Warrior es un santo. Es más, son pandilleros y de los malos: pendencieros, delincuentes, ladrones, violadores y más  de uno tiene las manos manchadas de sangre. Explico esto porque ellos no son los buenos de la película porque sean una “pandilla” pacífica, ni mucho menos, pero sí sentiremos cierta simpatía hacia ellos fruto de la injusticia a la que se enfrentan al ser acusados, juzgados y condenados (incluso sin saberlo ellos mismos) por un crimen que no han cometido y que sin embargo pagarán bien caro.
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia
The Warriors, los amos de la noche - el fancine - ÁlvaroGP - Cine y Ultraviolencia

Hay una escena en la que en medio de la huida, después de varias peleas con algunas de las otras bandas, los protagonistas comparten vagón de metro con dos parejas de clase media que vuelven de una fiesta y se da un minuto de tensión social que casi iguala a la violencia física que iremos viendo a lo largo de la película.

viernes, 10 de mayo de 2013

No desearás al vecino del 5º


Ficha técnica

Título original: No desearás al vecino del 5º
Director: Fernando Merino
Año: 1971
Nacionalidad: España
Producción: José Frade
Montaje: Pedro del Rey
Duración: 83’
Guión: Juan José Alonso Millán y Sandro Continenza
Productora: Ízaro Films, Atlántida Films, Fida cinematográfica
Fotografía: Hams Burmann
Música: Pedro Umiliani
                       
Ficha artística

Alfredo Landa (Antón)
Jean Sorel (Dr Andreu)

No desearás al vecino del 5º - Cine español - el fancine - ÁlvaroGP
No desearás al vecino del 5º - Cine español - el fancine - ÁlvaroGP

De buenas a primeras nos encontramos a Alfredo Landa interpretando a un fotógrafo “mariquita” que se ha convertido en el mejor amigo de todas las muchachas del pueblo, en su confidente y fotógrafo personal.

Su vecino, un apuesto ginecólogo, irá de mal en peor por causa de los celos de los maridos de las mismas mujeres que pasean en ropa interior por la casa del modista y fotógrafo, y si nos preguntamos: ¿por qué los celos hacia el ginecólogo y no hacia el fotógrafo? Muy sencillo, la respuesta es obvia: el ginecólogo desempeña un trabajo muy comprometido para algunas mentalidades de aquella época, un muchacho joven y guapo que atiende a sus pacientes desnudas, o semidesnudas, aunque mejor he de decir que no es guapo si no alto, fuerte y arrebatadoramente guapo, y como consecuencia, las mujeres se derriten ante su inocente mirada y caen rendidas a sus pies.

Por el contrario, Antón, (Alfredo Landa) no tiene nada que ver con el ginecólogo en cuanto al físico, dado que es pequeñito, un poquito regordete, poco agraciado y encima tiene más pluma que un avestruz, por lo que los maridos ni lo consideran peligroso al tenerle por pólvora mojada.

La vida de ambos cambiará en un viaje a Madrid (viven en una pequeña ciudad de provincias), cuando Andreu se desplaza para asistir a una conferencia que ofrece un gran Doctor en la materia, una eminencia.

Andreu, puro y casto, que no ha catado mujer hasta casarse se verá tentado a cada minuto que pase, mientras su esposa aguarda en el pueblo sumida en un ataque de celos. Y será en Madrid, lejos de la influencia de su pueblecito, conviviendo con Antón, cuando descubra la verdadera identidad de su vecino.

jueves, 9 de mayo de 2013

Cayo Largo

Ficha técnica

Título original: Key Largo
Director: John Houston
Año: 1948
Nacionalidad: EE.UU.
Producción: Warner Bros.
Duración: 101 minutos
Productor: Jerry Wald
Guión: Richard Brooks y John Huston (novella: Maxwell Anderson)
Fotografía: Karl Freund
Montaje: Rudi Fehr
                       
Ficha artística

Humphrey Bogart (Frank McCloud)
Edward G. Robinson (Johnny Rocco)
Lauren Bacall (Nora Temple)
Lionel Barrymore (James Temple)
Claire Trevor (Gaye Dawn)
Monte Blue (Sheriff Ben Wade)

Premios

Oscar a la Mejor Actriz Secundaria, (Claire Trevor).
           
Se trata de una película basada en la novela homónima de Maxwell Anderson (escrita en versos libres para ser interpretada en el teatro) que centra la acción en un escenario para, junto con los elementos climatológicos, ir creando una creciente sensación de claustrofobia.

Frank McCloud, (Humphrey Bogart), decide visitar a la familia de un compañero del ejército caído en el frente. Para ello viaja hasta Cayo Largo, un sitio remoto, en los cayos de Florida, un archipiélago de islitas que forman el punto más al Sur de los Estados Unidos.

Al llegar Frank McCloud se encuentra con el padre de su amigo y la mujer de éste, Nora Temple (Lauren Bacall). Y no he de perder el tiempo diciendo que se gana inmediatamente el respeto del padre, por hacer el viaje para hablarle de su hijo y ensalzar su valentía en el combate, y también se gana la admiración de Nora Temple, la hija del Sr. Temple y esposa del caído.

La película empieza con una sucesión de paisajes soleados que invitan al esparcimiento, un hotel, un mar cautivador, un muelle que invita a sentarse a pescar y una harmonía relajante.

Armonía perturbada por la pandilla de clientes que se encuentran hospedados en el hotel. Y eso que está cerrado porque está fuera de temporada. Han alquilado los servicios del hotel para alojarse hasta que terminen un “negocio”.

Poco a poco los personajes van interactuando y dándose a conocer. McCloud resulta ser un tipo duro de pocas palabras y sorprendentemente observador. La pandilla de rufianes son unos charlatanes y “matones” que poco a poco van demostrando que se han hecho los dueños y señores del lugar.

Pero el mal tiempo no tardará en aparecer pues Florida, si en buena temporada puede ser el paraíso terrenal, fuera de ella es el infierno personificado en forma de huracanes y tormentas desproporcionadas.

Cayo largo - el fancine - ÁlvaroGP - ByN
Cayo largo - el fancine - ÁlvaroGP - ByN

Mucho calor, mucha humedad, en compañía de una pandilla de rufianes cuyo líder resulta ser Johnny Rocco, un mafioso otrora de prestigio (en su mundo) y ahora intentando dar un golpe para resurgir de sus cenizas y volver a entrar en el mundo del crimen por la puerta grande.

Y de todo esto se irá dando cuenta McCloud según se vaya sumergiendo en la vida de los Temple, los cuales no son del todo conscientes de estar prisioneros dentro de su propio hogar, o sí pero no pueden hacer nada por evitarlo.

Será el gran tornado lo que empujará a la acción en medio de la claustrofobia entre cuatro paredes con todos estos personajes tan variopintos exasperando al más pintado y sucediéndose los episodios de humillación y desvergüenza por parte de los mafiosos. Mención aparte merece Clair Trevor al interpretar a una cantante venida a menos humilla una y otra vez por su amante Rocco.

John Huston pasó una temporada viviendo en el hotel, ambientándose, preparándose y captando todos los ingredientes que luego le ayudarían a crear esa atmósfera irrespirable e insufrible al retener dentro del hotel a los rufianes, la familia Temple y McCloud, al más puro estilo Agatha Christie llevando al cine de manera magistral y exprimiendo hasta la última gota de capacidad interpretativa de los actores.

Carros de fuego

Ficha técnica

Título original: Chariots of fire
Director: Hugh Hudson
Año: 1981
Nacionalidad: EE.UU.
Producción: 20th Century Fox
Duración: 123 minutos
Guión: Collin Welland
Fotografía: David Watking
Música: Vangelis
                       
Ficha artística

Ben Cross (Harold Abraham)
Ian Charleson (Eric Lidell)

Premios y nominaciones

Oscar a la Mejor Banda Sonora, Mejor Guión Original, Mejor Fotografía y Mejor Vestuario

Nominada a Mejor Director y Mejor Actor de Reparto.

Obra maestra de Hugh Hudson, Carros de fuego de 1981. En ella recrea con suma perfección el espíritu olímpico de principios del s.XX.

Los juegos olímpicos nacieron con un profundo sentimiento religioso, en tributo a los dioses del Olimpo e ideados para catapultar al estrellato a los semidioses que resultaban laureados tras vencer en las diferentes pruebas. El deportista que ganaba una competición se veía exento de muchos deberes como premio y ganaba al mismo tiempo la inmortalidad entre sus semejantes.

Cuando el Barón Pierre de Coubertin impulsa la creación de los Juegos Olímpicos modernos, en 1894 lo hizo movido por tres valores destacados: la salud mental, la física y si cabe la espiritual.

En origen, estos nuevos juegos se cubren con una pátina romántica y en ellos participarán los jóvenes privilegiados de las aristocracias orientales y occidentales. Se crea una élite intelectual que adora al deporte por encima de todas las cosas. El deporte en esencia, esto es: competición sana entre iguales con el sano espíritu de saborear la derrota tanto como la victoria con tal de formar parte del escaso grupo de privilegiados capaces de llegar a una cita internacional de estas características.

Los juegos clásicos paraban las guerras en la antigua Grecia. También en el s.XX adquirieron este poder sobrenatural que embarga a los regímenes políticos. Pasó en la Alemania Nazi, pasó en la Unión Soviética y pasó en la República Popular China.

Carros de fuego - Cine y Deporte - el fancine - ÁlvaroGP
Carros de fuego - Cine y Deporte - el fancine - ÁlvaroGP

La película ensalza los valores que el Barón deseaba destacar. Esa nobleza capaz de sacrificar sus horas de esparcimiento y sus fortunas en pos de competir por la gloria personal y nacional (antaño “polis” o ciudad estado natal).

Veremos a dos protagonistas diferentes, casi opuestos en algunos aspectos, que se dan cita de cara a representar al Reino Unido en los JJ.OO. de 1924.

Eric Lidell, campeón escocés de velocidad, cristiano hasta el fundamentalismo, pastor y misionero en Oriente aparcará todo y a todos por unas semanas en su entrenamiento para los juegos. Llegado el momento demostrará que el hombre no solo es noble cuando pone todo su empeño por conseguir un objetivo, nos enseñará que es igualmente noble sabiendo no ceder a las presiones de las más altas esferas con tal de no quebrantar su fe y sus principios.

Abraham se abrirá un hueco en la Inglaterra protestante luchando contra el reloj en la pista y contra los prejuicios sociales en la vida real demostrando la fortaleza del deportista sabiendo defender sus principios semitas a toda costa.

Hemos visto los principios espirituales que enfrentan a ambos protagonistas, pero también serán diferentes en cuanto al método empleado para llegar a lo mas alto.

Lidell es el prototipo de deportista olímpico en que se inspiró el Barón, noble de acto, casi también de cuna, cristiano y dotado de una habilidad natural para competir sin esfuerzo al saberse superior a todos cuanto le rodean. Deportista amateur en un mundo amateur como eran los primeros juegos modernos abriendo un debate en torno a la profesionalización de los deportistas que duraría hasta los juegos de Barcelona en 1992 con la llegada del Dream Team de Baloncesto.

Abraham no es un deportista profesional, pero recurrirá a los servicios de un entrenador que sí lo es para lograr alcanzar su meta, ser el hombre más rápido del mundo. Motivo que por poco le dejará fuera de la competición y que hará que su propio entrenador no pueda pisar el estadio olímpico.

Mención aparte merece la banda sonora que nos brinda ésta película con la creación de Vangelis, oscarizada y siempre celebrada por su estilo innovador y elegante que sume a la película en un susurro de elegancia y saber hacer.

Perdición


Ficha técnica

Título original: Double indemntity
Director: Billy Wilder
Año: 1944
Nacionalidad: EE.UU.
Producción: Paramount Pictures
Duración: 107 minutos
Productor: Buddy G. De Sylva
Guión: Billy Wilder y Raymond Chandler
Fotografía: John F. Seitz, B/N.
Montaje: Doane Harrison
                       
Ficha artística

Fred MacMurray (Walter Neff)
Barbara Stanwyck (Phyllis Dietrichson)
Edward G. Robinson (Barton Keyes)
Jean Heather (Lola Dietrichson)
Tom Powers (Mr. Dietrichson)
Byron Barr (Nino Zachetti)

Premios y nominaciones

7 nominaciones Oscar: Mejor Película, Dirección, Guión, Partitura, Fotografía B/N, Sonido, Actriz.
           
El cine negro debe su estética a la fotografía periodística que hizo furor en el primer tercio del s. XX.  En ese periodo se revolucionaría el concepto de la fotografía permitiendo a los periódicos incorporar imágenes en sus portadas. Unas fotografías en las que los contrastes entre el blanco y el negro, el brillo y el mate, la opulencia y la miseria crearían una impronta sensacionalista de la que muy pronto se apropiaría el cine en sus adaptaciones cinematográficas de novelas de éste género.

Asimismo, el cine negro debe su temática a la novela conocida con el mismo epíteto, “negro”, la cual bebía de las mismas fuentes que la prensa contemporánea. Años de violencia desmedida que hicieron florecer una literatura preñada de héroes descarrilados, héroes caídos, héroes al fin y al cabo, pero humanizados, con los mismos defectos y virtudes que el común de los mortales; viciosos, pendencieros, borrachos o simplemente personas decepcionadas con un modo de vida del cual no pueden escapar y con el que echan un estéril pulso por no acabar de hundirse en el fango.

Héroes y/o antihéroes sin escrúpulos capaces de extorsionar, matar, abusar, y transgredir las normas con el objetivo último de perseguir al corrupto, haciendo valer la máxima: “el fin justifica los medios”.

Tópico éste del que no podrá escapar el protagonista de Perdición, Walter Neff, quien pondrá en juego su trayectoria profesional en busca del dinero fácil mediante la estafa, creyéndose estafador, probablemente estafado por otro de los grandes tópicos del cine negro: la mujer fatal, en nuestro caso Phyllis Dietrichson, mujer fría, dura y calculadora que se cruzará en la vida del Sr. Neff y hará que se tambaleen todos los principios morales del hasta entonces inocente agente de seguros.

Lo más desgarrador de esta película es que el protagonista, a diferencia de otros protagonistas del género, no es una persona decepcionada con su vida, no es un Sam Spade de El halcón maltés, ni un John McClane en La jungla de Cristal, es un próspero comercial, seguro de si mismo hasta que se deslumbra con el golpe perfecto. Sólo Lola, la hija del Sr. Dietrichson y Barton Keyes, el amigo, superior y admirado detective de seguros serán capaces de intentar (sin saberlo) que la conciencia del Sr. Neff se limpie. Y si hablamos de cine negro, tal vez fuera el Sr. Keyes quien bien mereciera la etiqueta de protagonista pues su inquebrantable moral trazará una trayectoria que el pobre Sr. Neff no será capaz de seguir hasta el momento en que intenta reconciliarse consigo mismo y con el espectador.

Billy Wilder incorporará una herramienta inesperada, la voz en “off”, es decir, un narrador “omnisciente” que cuando empieza a narrar al principio lo hace a sabiendas de cuál será el final, y será éste narrador el responsable de ir posicionando al espectador.

Otro rasgo característico del cine negro son las interrupciones del tempo narrativo para dar saltos al pasado y explicar así situaciones del presente. Fabuloso recurso cuando se hace con la maestría de Willy Wilder, pero objeto de abuso por muchos autores, guionistas o directores menores que recurrían al “flashback” cuando no sabían cómo justificar un desenlace, presentando siempre a un personaje, o una coartada incoherente para dar por terminado una trama pobre. Y es tan grave que podríamos decir que es precisamente este recurso el responsable del empobrecimiento del género de novela / cine negro, cosa que Robert Moore supo parodiar hasta lo hiriente en su película de “cine negro”: Un cadáver a los postres, usada para divertir y denunciar esta estratagema.